miércoles, 15 de diciembre de 2021

Una nueva botella de whisky decorando la mesita de luz. Y un cementerio de latitas de cerveza que están regadas por cualquier lugar donde mires, dentro de la habitación que me hace sentir presa. La marginalidad de observar que todas las latas estan sin chapitas porque, cual si fuesen margaritas, las deshojo buscando que en alguna salga tu inicial... como si se tratase de una señal que sea capaz de revivirme. 
Pero ni eso. 
Ceniceros en donde no entra una sola colilla más. Como tampoco entra el humo en mis pulmones. Pero insisto, con ambas, sin siquiera ponerme a pensar en el daño que me estoy haciendo. 

Ropa tirada, enredada, desorganizada pero toda, necesariamente toda la habitación, fuera del placard. Perdiendo la capacidad de definir cuál está limpia, cuál sucia y cuál "una postura más puede aguantar". Cosa que tampoco me importa demasiado. Siendo sincera hasta "repitiendo pijama" al chino he llegado a salir a comprar. Claro está, las pocas veces que junte suficiente voluntad como para salir.

La tele apagada porque me aturde. Lo que resulta sorprendente porque mayormente la tengo muteada. Los libros muriendose a medio leer bajo la almohada, habito que causa incomodidad no solo en aquellos momentos en que logro dormir finalmente, si no además.. por las contracturas con las que tengo que lidiar al día siguiente. Me van gananado. Porque hasta que el mareo no me hace volver a la cama, no paro. 

Que ingenua al creer que es la trama la que no me atrapa y hace acumular ya varios intentos de despejarme leyendo los libros que me regalaste, cuando es mi mente la que está en cualquier lugar que no es conmigo.

Polvo de sahumerios por doquier, en el ilogico capricho o deseo de confiar en que un palito que se prende fuego y hace olores... me puede ayudar a sanar. Paquetes de snacks. La mayoría abiertos y sin terminar. Algunos de cosas saladas, otros de cosas dulces... la variación depende sólo del antojo que decida o tenga el cerebro cuya sede se ubica en mi estómago, con tal de evitar mi corazón. Sobre todo por la noche, cuando pesa más la soledad y por tanto se siente un vacío que llenar (porque durante el día me es dificil el apetito encontrar). 

Restos de mechones de pelo en el piso. Que también en medio de una madrugada y estando borracha decidí cortar. Por lo que luego concluyó tal vez será mejor no mirarme si quiera en el espejo. No solo por lo que resultaba ser una mutilación constante. Por el miedo.. de lo que me puedo encontrar. 

A mi. 
Encontrarme a mi. 

Un cuerpo que antes disfrutaba, pero ahora, se siente... peor que una casa abandonada.

Una "yo" rota y angustiada. Una yo en donde no estoy. Viendome vacía y desolada. Con olor y hasta pinta de naufragio. Ni si quiera un naufrago. Porque no soy ni una persona en estas condiciones. Soy solamente, una sombra. 

Y no importa cuantas veces en el día insista con bañarme para lograr despojar de mi alma, de mi piel lo que pareciera ser que se queda de mi cuerpo... el dolor, el olor de la soledad. 

Hasta que poco a poco voy haciéndome la idea de que no queda otra más que aceptar se volvió mi realidad.

Si algún día me preguntan cómo se siente morir de amor (sin llegar a morir realmente)... diria que simplemente... no se siente. De hecho, no se siente nada debo confesar. Ni el sol por la ventana. Ni el frío. Ni el calor. Ni el paso de los días, las semanas. Ni los intentos de consejos que todos tratan de brindar. Ni los abrazos. 

Nada. 

No se siente nada. En lo absoluto. Solo el vacío de la ausencia esperada. Pero por mucho que la esperes, te obliga a amigarte con la idea de que no sucederá. 

Y ahi es cuando el costado de la cama que antes ocupabas, ahora es solamente una forma de torturarme cuando no puedo domir y deseo que estes aca. Y los horarios y rutinas, que antes tal vez preguntaba... ahora llegan e inevitablemente me hacen pensar en si estarás ahí. O como yo, roto. 

Yo creo que no hay cosa más aterradora que esto. 
Más repugnante. Más triste de describir que estar muerto en vida a causa del fracaso del amor.

Pero si tuviese que hacerlo, darles simplemente una imagen... la imagen sería algo así como lo que acabo de describir. Con un agregado, que a veces me temo aceptar. El querer explotar en llanto, pero que se contiene. 

Y el llanto así rebota entre las paredes. Esas mismas que se sienten como una suerte de refugio. Pero que solo nos encierran cada vez más.

Cda tanto, timidamente se permite, intento forzosamente a callar. 

Pero aunque callo el llanto... o el llanto no termina por estallar tampoco cesa. Porque antes de quedarme dormida, me doy cuenta que lo hago entre lágrimas. Como si se tratara de una nueva forma en la que siento que se puede llegar a rezar por un milagro..

Un milagro y nada más.

Que vuelvas a elegirme. O que me liberen del dolor que me causas.

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