miércoles, 25 de octubre de 2023

"Uno siempre vuelve a los sitios donde amó la vida" dicen. 
Así que disculpen si decidí volver -mentalmente- a recorrer esas cuadras vacias, pero llenas de vos. A cuando comenzamos a charlar siendo prácticamente dos extraños, para terminar haciendonos sentir que nos conocíamos de toda la vida. 

Nos sentamos en el mismo banco, en esa la misma plazoleta. Y me volvist volviste a hacer cuanto chiste se te ocurriese para provocar mi risa. 

Me volviste a prestar tu campera cuando sentí frío. 

Y nos frenamos en la misma esquina, que aquella vez, inmortalizó el momento que lo cambió todo. Me volviste a preguntar una obviedad. Una vez más te dije que sí. Que queria ir a dormir a tu casa. Y que te quería besar. 

Ambas cosas estaban decidida practicamente a penas te vi, pero aún más... cuando lo primero que me dijiste fue que te gustaba el color de mi labial. 

Volcí a repetir nuestro primer beso en la misma esquina de la 9 de Julio. Y pasaban los mismos autos, aunque no supiese cuáles fueron. Pero que nos iluminaban e iluminaban todocon las mismas luces, tal como la primera vez. 

Y volvimos a reirnos. A perdernos y encontrarnos. Y volvimos a comprar el alimento de tus gatos a la madrugada en un supermercado que parecía solo abierto para nosotros, mientras también me preguntabas qué quería desayunar (y agarrabas cuanta galletita surtida veías por el camino). 

Nos subimos al mismo auto. Y me hablaste nuevamente de tu vida. De tus miedos. De tu familia. De Tini, de Lali. Nos volvimos a reir porque las amabamos a ambas y nos parecía estúpido discutir por quién era mejor. El uber, nos volvió a ver por el espejo retrovisor cuando pasé de estar sentada mirando a la ventana, a estar sentada arriba tuyo. Y nos volvieron a decir en medio de la autopista "ya casi llegamos chicos, paren". Y paramos. Y nos reimos.

Y repasé cada mínimo detalle de esa noche, donde terminamos por confirmar que nuestros cuerpos se correspondían, me volviste a abrazar y te dormiste en seguida.. Y yo no volví a dormir. Al lado tuyo. Abrazada en tu pecho. 

Porque fue la primera vez que no sentí temor. Ese temor que me agarraba cuando pensaba cómo decir que no quería volver a verme con alguien después de un primer (y último) encuentro. 

Porque mi única certeza fue que te quería volver a ver, nuevamente, al día siguiente. 
Y al siguiente también. 

Volví a habitar el momento que entre el silencio y tus ronquidos (que no te gustaba que te dijera tenías, pero que me llenaban de paz porque te dormías primero). Silencios que se interrumpían brevemente con el pasar de algún que otro vecino por la ventana, balbuceando. 

Y te volví a mirar durmiendo hasta quedarme dormida.
Y te volviste a despertar para recordarte que no llegaras tarde al laburo.
 
Y me volviste a abrazar hasta que pude sentirme aferrada a tu pecho, mientras me preguntaba "¿y si en esto se resume la vida?". 

El recuerdo ayudó a responderme esa pregunta que me hice aquella noche. Aunque más honesto sería decir, aquella mañana. Ahora si entendí que no se resumía la vida en ese recuerdo que me alegró inmortalizar. En esa sensación de alegría, calma, dicha. Esa sensación de "contigo pan y cebolla". Porque finalmente entendí que tal vez la vida se resuma en lo opuesto. 

En que al fin y al cabo se trata de encontrarse, encariñarse. 
Y despues, perderse. 
Y perdonarse... 
Y amar cada detalle, aún cuando no se quiere volver a amar.