lunes, 2 de marzo de 2020

Primer mes

Es irónico el universo, de eso no tengo la menor duda. Hoy cumpliríamos un mes,
El primero. Pero fue un mes en el que fueron más días de silencios, que de abrazos.

Sin embargo, hoy te recordé. 
Todo el día, todo el tiempo. 
Como siempre. 
Pero aún más.

Tal vez fue la respuesta inesperada que me dio mi cerebro, por forzarlo a olvidar lo que está en mi corazón.

Olvidar por un rato, que te extraño. Que te necesito.  Que te prefiero. Que te elijo. Y que deseo que estes a mi lado.

Y no puedo. 
Y no puede.
Y no podré.

Porque aún es pronto.
Porque aún no quiero.

Y así las cosas, entre todos los escenarios posibles en que hubiese podido imaginarnos celebrando nunca, jamás, nunca hubiese sospechado que me encontraría encerrada, acostada, sin vos al lado, pero con vos en la mente. Con vos recorriendo cada parte de mi cuerpo. Pero no desde tu cuerpo,
cuerpo que adoraba, sino desde el mío, que era todo lo que te podía dar y lo único que quedo entre nosotros.

Y así estaba, con vos, pero vos en tu ausencia.
Con vos. Sólo con vos y toda mi piel erizada, de recuerdos e ilusiones que murieron, pero aún me emocionan. Y me cuesta soltar.

Sola. Sola y en silencio, hasta qué brotó un gemido. Silencioso, vergonzoso, pero profundo. De saber que, por un momento, aún imaginario, te sentí.

Y acá, lo más terrible, lo más trágico, lo más irónico que debo confesar:
Que en el momento culmine de tu recuerdo y de mi excitación, temblorosa y obnubilada por haber sentido, repetido, alcanzado. Con ese placer que lograbas solo vos, lo único que pude escuchar fue
un “gol” de fondo. El de mi equipo, hecho al tuyo.

Y me dio bronca. Porque soy consciente que ni aún en el fútbol me gusta el egoísmo del que gana solo.

Porque hubiese preferido un empate.
Un empate, en el que te encontraras, por un rato, como yo, lleno de placer.
Lleno de mi. Y yo, llena de vos.

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